Una arquitecta me explicó:
El valor de una buena circulación

Anécdota de una arquitecta:

Mi hermano estaba buscando departamento y me mandó un link para que opinara. No pedía mucho: buena ubicación, luz, materiales contemporáneas y un dormitorio.

Entro al anuncio. Las fotos —mal sacadas— mostraban algo prometedor: luz, piso nuevo, cocina abierta, buenos acabados, baños correctos, todo recién pintado y de tamaño cómodo. Bastante bien… aunque igual me costaba entender los espacios a pesar de ser arquitecta…

Mi cabeza pedía una planta (es el plano visto desde arriba) para terminar de entender cómo se conectaban las áreas, cómo se daba el recorrido. Había algo que no cerraba. Foto número 25: ¡plano! Bien, a ver…

Desilusión. Descartado en un minuto.

Lo primero que hago al ver un plano es imaginar cómo se habita. Entro a “mi casa”, dejo las llaves, la cartera —¿hay un lugar donde apoyarla?—, sigo hacia el living… ¿dónde pongo el sillón? ¿y la tele? ¿la mesa del comedor? Uff, este espacio no va a funcionar bien. La razón: la circulación pasa justo por el medio de la habitación, dividiendo el cuadrado en dos triángulos imposibles de aprovechar. Ni el sillón ni la mesa van a quedar cómodos. Y no es un detalle menor, la circulación define completo una vivienda.

¿Qué es la circulación?

Es lo que nos permite movernos de un ambiente a otro. A veces es un pasillo, otras una franja invisible que hay que dejar libre para caminar sin chocar con los muebles. Pero más allá de su forma, la circulación es el hilo que conecta el modo en que habitamos.

Diseñar una buena circulación es pensar en cómo vivimos. No se trata solo de metros cuadrados, sino de cómo se usan esos metros.

Estas son las cosas que se deben tomar en cuenta para una buena circulación:

Funcionalidad.

De dónde a dónde me lleva. El recorrido tiene que tener sentido: si tengo que pasar por el dormitorio para llegar al living, algo está mal. El diseño tiene que facilitar la vida cotidiana, no complicarla.

Eficiencia.

Los recorridos deben ser cortos y lógicos. Pasillos eternos que terminan en una pared son pérdida de espacio y energía. Esos metros podrían ser parte del dormitorio, del baño o de un área de guardado útil.

Seguridad.

Una mala disposición obliga a poner muebles fuera de escala, genera esquinas peligrosas o zonas de paso incómodas. A veces no se nota hasta que uno vive ahí… y ya es tarde.

 

Comodidad.

El resumen de todo lo anterior: que moverse por la casa sea fluido, que haya espacio para caminar sin esquivar muebles, que la distribución acompañe los movimientos naturales del día a día.

No importa si se trata de una vivienda grande o de un departamento de 35 m²:  la buena circulación es la que hace que el espacio funcione. No se trata solo de diseño, sino de sentido común, de pensar cómo se habita, qué se necesita para que ese lugar se sienta bien.

Porque al final, una casa no se mide solo en metros cuadrados, sino en cómo se vive bien.